La fábrica de alas

General

Muchas pequeñas cosas

Escrito por fagondo 09-12-2010 en General. Comentarios (0)

"Muchas pequeñas cosas, hechas por muchas pequeñas personas, en muchos pequeños lugares, podrán cambiar la faz de la Tierra"

Proverbio chino

La afectividad

Escrito por fagondo 16-11-2010 en General. Comentarios (0)

"El genio de la especie no es la inteligencia, sino la afectividad orientada hacia la tolerancia, la compasión, la cooperación, la solidaridad, la  amistad y el amor.   Una cultura respetuosa y protectora de la vida, inclusiva de la diversidad, libertaria, colaborativa, emancipadora e integradora, solo será posible liberando los potenciales afectivos de la humanidad y situando la vida al centro de todos los intereses y proyectos civilizatorios."

Jose Luis Acevedo D. (Revista Uno mismo)

No acepten lo habitual como cosa natural

Escrito por fagondo 16-11-2010 en General. Comentarios (0)

"No acepten lo habitual como cosa natural, pues en tiempos de desorden sangriento, de confusión organizada, de arbitraiedad consciente, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural, nada debe parecer imposible de cambiar."

Bertolt Brecht

 

Seguirán viniendo

Escrito por fagondo 16-11-2010 en General. Comentarios (0)

"Seguirán viniendo y seguirán muriendo, porque la historia ha demostrado que no hay muro capaz de contener los sueños."

Rosa Montero

Inmigración

Escrito por fagondo 14-11-2010 en General. Comentarios (0)

"Que tire la primera piedra quien nunca haya tenido manchas de emigración en su árbol genealógico... Así como en la fábula del lobo malo que acusaba al inocente cordero de enturbiar el agua del arroyo de donde ambos bebían, si tú no emigraste, emigró tu padre, y si tu padre no necesitó mudar de sitio fue porque tu abuelo, antes, no tuvo otro remedio que ir, cargando la vida sobre la espalda, en busca de la comida que su propia tierra le negaba. Muchos portugueses (¿y cuántos españoles?) murieron ahogados en el río Bidasoa cuando, noche oscura, intentaban alcanzar a nado la otra orilla, donde se decía que el paraíso de Francia comenzaba. Centenas de millares de portugueses (¿y cuántos españoles?) tuvieron que adentrarse en la llamada culta y civilizada Europa de allá de los Pirineos, en condiciones de trabajo infame y salarios indignos. Los que consiguieron soportar las violencias de siempre y las nuevas privaciones, los supervivientes, desorientados en medio de sociedades que los despreciaban y humillaban, perdidos en idiomas que no podían entender, fueron poco a poco construyendo, con renuncias y sacrificios casi heroicos, moneda a moneda, céntimo a céntimo, el futuro de sus descendientes. Algunos de esos hombres, algunas de esas mujeres no pudieron ni quisieron perder la memoria del tiempo en que padecieron todos los vejámenes del trabajo mal pagado y todas las amarguras del aislamiento social. Gracias sinceras les sean dadas por haber sido capaces de preservar el respeto que debían a su pasado. Otros muchos, la mayoría, cortaron los puentes que los unían a aquellas horas sombrías, se avergonzaron de haber sido ignorantes, pobres, a veces miserables, se comportaron como si la vida decente, para ellos, sólo hubiera comenzado verdaderamente y por fin el día felicísimo en que pudieron comprar su propio automóvil. Esos son los que estarán siempre dispuestos a tratar con idéntica crueldad e idéntico desprecio a los emigrantes que atraviesan ese otro Bidasoa más largo y más hondo que es el Estrecho de Gibraltar, donde los ahogados abundan y sirven de pasto a los peces, si la marea y el viento no prefirieron empujarlos a la playa, hasta que la guardia civil aparezca y se los lleve. A los supervivientes de los nuevos naufragios, a los que pusieron pie en tierra y no fueron expulsados, les espera el eterno calvario de la explotación, de la intolerancia, del racismo, del odio a la piel, de la sospecha, del envilecimiento moral. Aquel que antes fue explotado y perdió la memoria de haberlo sido, acabará explotando a otro. Aquel que antes fue despreciado y finge haberlo olvidado, refinará su propia capacidad de despreciar. Aquel a quien ayer humillaron, humillará hoy con más rencor. Y helos aquí, todos juntos, tirándole piedras a quien llega hasta esta orilla del Bidasoa, como si ellos nunca hubieran emigrado, o los padres, o los abuelos, como si nunca hubieran sufrido de hambre y desesperación, de angustia y de miedo. En verdad, en verdad os digo, hay ciertas maneras de ser feliz que son simplemente odiosas."

José Saramago. De la Inmigración en el Estrecho de Gibraltar